Desde su fundación en 2012, The Kitsch ha sido una banda en constante evolución: giras por Estados Unidos y Europa, discos y diferentes formaciones hacen parte de su recorrido. Presentan Fast Comida, un trabajo conceptual en el que giran hacia el punk y la música más pesada.
En este nuevo trabajo se hacen más viscerales y participativos, con canciones que no superan el minuto y develan una oscuridad que sobresale frente a sus trabajos anteriores, más juguetones.
Albert Medina, vocalista y guitarrista, atravesó una experiencia personal que cambió su forma de ver la vida. Conversamos con él sobre Fast Comida, sus percepciones sobre The Kitsch, la madurez que ha alcanzado la banda, la escena under que los ha acogido, las nuevas canciones y lo que viene para el proyecto.

¿Cómo ha sido para The Kitsch el proceso de pasar de ser una banda nueva a tener una trayectoria?
Tiene que ver con la madurez. Tenemos mucha más experiencia. Eso se va dando a medida que uno empieza a tener nuevas influencias. Lo que escucho ahora no es lo mismo que escuchaba hace diez o veinte años.
También tiene mucho que ver con el cambio de integrantes. Actualmente contamos con una alineación definitiva: Charry, Sebas y yo. Charry lleva siete años, ya es mucho tiempo.
También cuentan las influencias de cada uno. En un principio, los únicos que componíamos éramos Óscar y yo. Después se salió Óscar, entonces el que componía era yo. En este nuevo material me parece chévere que los tres le metimos mano. Eso refuerza mucho tanto la calidad como la apreciación musical.
Siento que este sonido es más maduro, robusto y ruidoso, sin salirse del sonido garaje. Ha habido muchas cosas que han influido en ese cambio.
Galería: The Kitsch en El Tortazo Rock.
¿Qué has estado escuchando por estos días que antes no escuchabas?
Siempre he sido fanático de la cumbia. Escuchaba más que todo paseaditos. Mi cantante colombiano favorito siempre ha sido Rodolfo Aicardi.
Cuando me metí al mundo del rock me despegué y empecé a escuchar derivados. Me gusta mucho el ska y el reggae. Luego conocí el garage y me quedé muchos años ahí. Después vino la psicodelia.
Hoy, en 2026, incluso escucho reggaetón, que es un género al que le hacía mucho el feo, pero cambié el chip. Me abrí también a ese tipo de música. No por nada lleva más de 15 años siendo uno de los géneros que más pega a nivel mundial.
La humanidad está pasando por una era muy nostálgica, hasta por cosas que uno ni siquiera vivió.
Se nota que todos metieron mano y hay diferentes voces. ¿Cómo fue la producción de Fast comida?
Tiene una historia bastante chévere. Todo inicia, una vez más, con el tema del reggaetón. Noté que actualmente la música es desechable. Los artistas todo el tiempo están sacando hits que duran una semana. Son canciones que pegan mucho, pero luego ya la siguiente semana se olvidan. Me quedó sonando esa idea de hacer comida rápida con la música.
Por muchos años, a nosotros las personas que no conocen el género garage nos decían que éramos punk. No me gusta esa etiqueta. Para mí, el punk es cresta, taches y tupa tupa.
Entonces les dije a los chicos: ¿qué tal si hacemos nuestra versión del punk, incluyendo también las influencias que estamos teniendo cada uno?
Por el lado de Sebas, a él le gusta mucho el punk, el protopunk y la música Oi! Por mi lado tengo muchas influencias y Charry ya está más metido en el rock progresivo, el stoner y el drone. Mezclamos todos esos sonidos y así fue como empezamos a producir la música.
Todos llegábamos con ideas. A veces incluso hacíamos jams y ahí salían las canciones.
Ya entrando más a fondo en la producción, yo estoy detrás de las producciones desde el principio. Obviamente, el ingeniero se encarga de mezclar y hacer el máster, pero yo estoy detrás de eso: «Quiero que suene así», «quiero que le metas más bajo a tal cosa». Estoy detrás de esa producción.
Siempre me ha gustado que todos participen. Fue chévere porque también es la segunda vez que Sebas se arriesga con el micrófono y nos ayuda en unos coros.
¿Por qué las canciones de Fast Comida son tan cortas, casi grindcore?
Siguiendo el camino de la comida desechable, se nos ocurrió la idea de hacer un disco en el que cada canción durara un minuto.
Fue todo un reto lograr que las canciones duraran el minuto exacto porque nosotros grabamos en bloque y no con cronómetro. Teníamos que ensayar muchísimo hasta que ya nos diera el minuto cerrado.
Había canciones que duraban un minuto y dos segundos. Entonces era: «Pucha, ahora tenemos que cortarle algo». O tocarla más rápido. Y cuando la tocábamos más rápido, la canción quedaba en 50 segundos. Finalmente logramos hacer que durara un minuto.
Algo interesante de este ejercicio es que las canciones tienen un orden. Si tú escuchas una canción normal, tiene un verso, un coro, otro verso y luego otro coro. A veces le ponen puentes, a veces solos, pero por lo general mantienen la misma estructura.
Me pareció interesante el reto de meter todo eso en un minuto. Dentro de algunas canciones hay unas que no tienen coro; en otras, el coro solamente son gritos. Hay dos canciones que tienen solos y los solos duran dos segundos.
Me gusta mucho este ejercicio y estamos contemplando replicarlo nuevamente, porque este disco viene dividido en dos partes: la primera se llama Fast Comida y la segunda Rápida Food.
No hemos decidido si lo vamos a volver a hacer así, con canciones cortas, o si lo vamos a hacer más bien al contrario, con canciones de 10 o 20 minutos.
Tras escuchar Fast comida y haberlos visto hace un tiempo en El Tortazo Rock, los veo mucho más oscuros. ¿Qué motivó esta oscuridad?
Creo que tiene que ver con la rabia y con las situaciones por las que hemos pasado, en especial en mi caso.
No todo es felicidad y siento que por muchos años estuvimos haciendo canciones para que la gente las baile y las disfrute. Estábamos omitiendo que nosotros también sentimos, que al final el artista y su obra son una misma cosa y que esta existe por algo.
A partir de ahí también me parece muy chévere porque, incluso en lo personal, hablando a nombre de Sebas y Charry, nos ha parecido el mejor trabajo que hemos hecho hasta el momento en todo lo que llevamos de la banda.
Precisamente por eso: son canciones que vienen muy del corazón.
Son canciones hechas para nosotros y que, al final, logran que algunas personas se sientan identificadas.
Los colombianos, especialmente en el rock, tenemos rabia y esas cosas oscuras como la depresión. Implícitamente tratamos de sacarle algo de jocosidad para que no sea tan oscuro.
¿Cómo es componer, ensayar y tocar libre de drogas y alcohol?
Está difícil la respuesta porque el proceso de este disco, por ejemplo, empezó hace tres años y surgió en una época de bastante consumo de los tres. Cuando ensayábamos hacíamos una previa y nos preparábamos.
Ahorita me parece muy chévere porque pasé por un proceso de rehabilitación y el resto de mi banda respeta mucho eso. Cuando nos vemos para ensayar o para componer no hay ningún tipo de consumo, más allá de un agua con gas.
Creo que las canciones suelen ser experiencias vividas y se quedan en el recuerdo, entonces no hay diferencia. No es tanto por el hecho de que cuando uno está drogado compone más. Eso es un autoengaño. Todo está en la mente, entonces siento que ha sido lo mismo.
Más que todo influye en el estado de ánimo y también en la parte física. Uno sí tiene más cosas por decir o, bueno, al final uno siempre tiene mucho por decir, pero estando sobrio retiene más las ideas.

Hablemos de las canciones. Yo te menciono una frase que me surge de algunos temas de Fast Comida y tú me dices qué opinas.
Aliade es un chiste que nos puede salpicar a muchos.
En realidad sí. Esa canción es una burla a todos esos hombres —está muy enfocada en ellos— que tienen un machismo muy implícito y no se dan cuenta de que aplican mucho el mansplaining, pero se creen feministas.
Les gusta ir a las marchas, pero en realidad van a las marchas a conquistar chicas. Es más que todo una burla.
La canción básicamente es como el amigo que está saliendo con su amiga y entre ellos dos se acuerdan de que el exnovio de ella justamente es un «aliade»: un personaje que se creía feminista, pero que al final no trataba muy bien a su novia y precisamente se fue con otra. También era como un payaso.
Es más una conversación entre dos amigos sobre su ex.
No puedo respirar se siente como la narración de una vivencia personal.
Sí. Esta tiene mucho que ver con mi cambio de vida y con mi separación, cuando todo se fue como al vacío, cuando lo perdí todo.
Pasé por un momento en el que no tenía nada que decir: ni pareja, ni gatos, ni trabajo, ni dinero. Había pasado por muchas situaciones muy difíciles. En un momento ya no podía respirar.
Básicamente, eso se refleja en esas dos canciones porque es una canción dividida en dos partes. La primera cuenta por qué no puedo respirar y la segunda cuenta la parte física, toda esa sensación que se siente.
Otra vez es la única pieza banal y, sin embargo, duele un poco.
Esa la escribió Sebas. Es la primera vez que escribió una canción y se fajó. Es de nuestras canciones favoritas.
Nos gusta porque muestra ese deterioro. Uno se da mucho palo cuando se enfiesta porque es un momento de mucha dopamina y al otro día empieza ese guayabo moral, la tristeza. Básicamente, esa fue la inspiración: un subidón y después el súper bajón.
Uno es tan masoquista que quiere que llegue el viernes para enfiestarse nuevamente.
Son de lo peor confirma la influencia actual de Napalm Death en The Kitsch.
Es mi favorita. Primero, es la canción más pesada que tenemos. Tiene mucho hardcore punk.
Creo que también tiene que ver con momentos que pasé en mi juventud. Estuve muy involucrado en una subcultura urbana y recuerdo mucho que andaba solo. A veces, cuando me veía con ciertos personajes, el ambiente era chévere, pero cuando esos personajes estaban en grupo me la montaban y me parecía muy feo.
También se la dedico a quienes les hacen bullying. La saqué de lo más profundo del odio y me gusta mucho tocarla. Me encanta esa canción.
Vamos pal es una rara forma de reinterpretar Paranoid, de Black Sabbath.
Quisimos que sonara como si fuera el nombre de algún demonio. Como si fuera, no sé, Lucifer.
En el disco está de últimas, pero en realidad nosotros en vivo la tocamos de primeras para unirla con Antro. Pensamos en esa idea de la serpiente que se come la cola. Entonces el disco es eso: es muy cíclico, no tiene principio ni fin.
También es como el final. Cuando entramos a Vamos pal se siente como si fueran los créditos finales de una película.
En serio nos gustó mucho que cada canción tiene su detalle curioso.

Vamos con tres preguntas rápidas.
¿Comida rápida favorita?
La empanada.
¿Qué opina de la frase En la casa hay sopa?
Mi novia a veces la aplica (risas). Obviamente no hay sopa, pero sí comida. Aliviana los antojitos. Me gusta la frase.
¿No temen a los triglicéridos?
No. A veces, cuando me hago mis exámenes de rutina, me salen altos y me preocupo. Son fáciles de bajar. Antes pensaba que era como tener diabetes (risas). Ahora están estables. Me estoy alimentando bien.
¿Para dónde va The Kitsch?
No sé. Es difícil predecir el futuro. Hemos pasado por muchas situaciones, buenas y malas. También hemos tenido la oportunidad de girar, tocar en grandes shows y, ahorita, creo que lo que sí puedo decir es que todo lo que viene son cosas bastante íntimas.
Estamos en un punto en el que componemos para nosotros y ha sido muy bonito. Hacemos la música para nosotros y el que se sienta identificado, pues eso es algo que nos va a sumar en un 1000 %.
Los fans son los encargados de que nosotros persistamos y nos mantengamos.
Tenemos planes de sacar otros dos discos. Los queríamos sacar todos este año, pero no se dio el tiempo. Sí tenemos como ideal grabar a final de año el próximo disco, que se va a titular Interdicto. Después deseamos sacar Rápida Food, que es la continuación de Fast Comida.
Queremos volver a México porque antes girábamos cada año y, a raíz de la pandemia, dejamos de asistir. Sí hemos tenido muy buena acogida y Sebas no conoce México, entonces también nos ha dicho que desea mucho ir.
Queremos girar también por Europa y empezar a ir a otros lugares. Este año está la posibilidad de irnos a San Andrés. Nunca hemos tocado en la playa, así que también sería muy chévere.





