Las verdades a medias de la inclusión en ‘La pequeña hermana’
agosto 4, 2026
Por Manuel Estevez

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El mundo parece volverse tolerante a una velocidad vertiginosa. La inclusión promete flexibilizar la vida de hombres y mujeres que eligen libremente su orientación sexual; Europa se abandera como el epicentro de la razón y la libertad de expresión, mientras la religión predica amor y empatía.

Todas estas premisas suelen ser verdades a medias.

El exitoso libro de Fátima Daas

Ese choque entre el ideal y la realidad es el núcleo de La pequeña hermana, el cuarto largometraje dirigido por la cineasta y actriz francesa Hafsia Herzi. La historia sigue a Fátima, una adolescente lesbiana e hija menor de una familia de origen argelino en París. Su vida da un giro hacia la libertad cuando abandona el hogar para ir a la universidad; no obstante, la presión de su entorno familiar por aferrarse a las tradiciones religiosas y culturales se convierte en un tormento interior.

Herzi adaptó la novela La Petite Dernière y semibiográfica de Fátima Daas, publicada en 2020 con gran éxito crítico y múltiples galardones. La autora parte de sus vivencias personales y utiliza licencias creativas para darle voz a su protagonista. Tras la buena recepción del libro, la adaptación al cine y su actriz principal, Nadia Melliti, han ganado en eventos internacionales de renombre como Cannes y los premios César.

Representación, identidad y espacios de libertad

El reparto principal se completa con la actriz de origen coreano Park Ji-min, acompañada por Amina Ben Mohamed, Rita Benmannana y Melissa Guers. En conjunto, la película ofrece una representación de mujeres lesbianas de diversas razas y credos, aportando distintas lecturas sobre la identidad sexual. El relato muestra cómo Fátima encuentra su refugio en un bar gay, el único espacio público donde puede liberarse cada noche y mostrarse tal como es.

Narrada de forma no lineal, la trama salta abruptamente en el tiempo pero se explica con paciencia. A través de este viaje fragmentado, la película articula etapas emocionales claras: la negación inicial, el despertar, la confirmación, la culpa y, finalmente, una forma de redención.

Fatima y su familia en La pequeña hermana. Foto cortesía Cineplex.

Un retrato cotidiano y humano sobre la opresión

Con una mirada firme, Herzi contrapone el universo de una mujer lesbiana con el hastío, la falta de oportunidades y la opresión ejercida por los dogmas religiosos. Narra de una manera sencilla, logra una cinta cotidiana y cercana, delinea personajes humanos e imperfectos, permitiendo que la audiencia conecte de manera íntima con sus vivencias.

Creo que aunque la culpa está dibujada de manera intensa, a veces parece no pesar tanto dentro de la trama como se podría esperar. Quizás una sutileza intencional, pero la confrontación no dura más que segundos en pantalla.

Referencialmente me recordó a la ya clásica Shortbus, por la manera explícita pero no detallada como plantea las escenas de sexo y por la forma intimista como aborda las dudas de la protagonista.

Es una obra queer de autor. Es interesante la mirada de Herzi como mujer heterosexual y su radiografía del dilema de una lesbiana que teme ser, siente culpa pero se deja llevar y es feliz cuando se le permite. Simplemente una reseña a la diferencia.

La pequeña hermana se encuentra actualmente en la cartelera de salas de cine en Colombia.

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