Jhon Montoya es un músico y productor colombiano que desde hace varios años reside en Italia. Es un convencido de las colaboraciones artísticas y de la manera en que estas potencian la creatividad de quienes participan en ellas.
Por estos días presenta Tayta, su tercer álbum junto al sello ZZK Records, un trabajo de autodescubrimiento ligado a las medicinas ancestrales e inspirado en el taita Manuelito, reconocido sabedor de estas prácticas.
El disco fue creado por un artista que vive entre Colombia e Italia y que ha construido una carrera en constante crecimiento. En Tayta participan la argentina Aluminé y los italianos Clap Clap y Elasi, en una obra que mezcla exploración espiritual, música electrónica y colaboración internacional.
Hablamos con Montoya sobre Tayta, la creatividad, la música electrónica, el futuro de los espectáculos en vivo y el viaje ceremonial que inspiró este álbum.

¿Qué opina el taita Manuelito sobre Tayta?
Se lo envié, pero todavía no sé si lo ha escuchado. Estos sabedores son muy esquivos con las redes sociales. Estoy seguro de que va a estar encantado con la imagen y la energía que tiene este álbum.
¿Qué te gustó del viaje terrestre a Mocoa?
Ese viaje fue muy interesante para mí. Yo odio viajar por tierra, pero tenía tantas ganas de tomar medicina que ese mismo día tomé un vuelo de Barranquilla a Bogotá. Acá esperé cuatro horas y por la tarde abordé el bus hacia Mocoa. Tenía tanta determinación de ir que el viaje no me resultó incómodo. Además, viajé en un bus muy bueno.
¿Qué aprendizaje personal te ha dejado hacer este disco?
Sobre todo, aprender a escucharme, entenderme y tratar de ser cada vez más sincero con las emociones que le pongo a la música. Tuve la suerte de trabajar con personas que conectaron con esa energía. Las canciones que componen el disco son muy honestas.
¿Qué canción representa mejor el espíritu del disco?
Es un disco luminoso, que habla de colores y tiene una expresión muy clara. Diría que Tayta y Conotu Yopú representan mejor su esencia.
Cada canción tiene una historia. Conotu Yopú narra el cierre de una ceremonia, a las ocho de la mañana. Estábamos en el círculo de la palabra y yo me sentía muy mal. El efecto de la medicina no se me pasaba. Todos estaban tranquilos y yo tenía la ansiedad de que se fueran y me dejaran allí.
Cuando empezaron a compartir sus experiencias, sentí la energía de mi padre a través de las palabras de un muchacho. Acepté mi condición y entendí que, si debía estar así, así era. Un segundo después estaba bien. Comprendí que la mente muchas veces decide si quiere estar bien o mal.
En cierto momento llegaron dos pájaros y comenzaron a danzar frente a nosotros. Cuando terminaron, el taita anunció el cierre de la ceremonia.
Hay cierta exotización y banalización del tema de la medicina ancestral. ¿Qué opinas de esto y sientes que Tayta puede romper con ese estereotipo?
Hay un mercadeo alrededor de este tipo de experiencias que para mí es muy delicado. En cualquier situación relacionada con la religión o la política siempre están los buenos y los menos buenos. Hay que conectar con alguien que realmente sepa lo que está haciendo. El sentir te da confianza en esa persona y también es importante contar con buenos amigos que te orienten sobre dónde hacerlo.
No voy a juzgar el uso que cada quien le da a la medicina porque es algo muy personal. Creo que si uno logra decodificar esa información y convertirla en parte de su vida cotidiana, esa es la verdadera misión de la medicina. No es magia, es trabajo consciente. Quien la toma únicamente para vivir una experiencia pasajera está desaprovechando algo muy bello.
Colaboraste en Tayta con Elasi, Aluminé y Clap Clap. ¿Cuál es el sentido colaborativo en la música electrónica?
Para mí hay varios motivos. El principal es el creativo. Casi siempre las canciones que hago llegan a un punto en el que siento que otro artista puede tomar esa idea y llevarla mucho más lejos.
También es una forma de consolidar una amistad o construir una relación basada en el respeto mutuo.
Por ejemplo, cuando Clap Clap me devolvió el material que le había enviado quedé maravillado. Él también me dijo que le había encantado lo que recibió. Hay que enviar algo que conecte con la otra persona.
En el caso de Aluminé, yo tenía la canción Brillar pensada para otro artista, quien inicialmente aceptó participar pero después dejó de responder. Sabía que esa canción tenía una intención muy especial. Se la envié a Aluminé y solo me pidió que bajara medio tono. Empezamos a trabajar y el resultado fue maravilloso.
¿Cuál es la magia de productores no músicos como Giorgio Moroder o Rick Rubin, que poseen la capacidad de observar y escuchar para producir música?
Lo entiendo como una cuestión de buen gusto. Quien tiene buen gusto suele ser una persona curiosa, capaz de analizar todo con una mirada amplia. Una persona así puede hablar con conocimiento sobre música, moda o arte.
Viviendo en Italia he conocido mucha gente de ese tipo. Mi expareja podía ver una prenda y saber exactamente de qué estaba hecha. Esos personajes tienen una sensibilidad especial que conecta con la música desde otro lugar.
Ese equilibrio hace que la música sea democrática y no algo reservado únicamente para músicos. De lo contrario, todo sería mucho más aburrido.
¿Cómo se integra tu propuesta con el sello ZZK Records?
Encaja mucho porque mi sonido pertenece al lugar en el que estoy. Vivo entre Colombia e Italia. Hay un sonido que trato de mantener muy limpio y elegante, pero al mismo tiempo sucio. Para el sello, ese tipo de artista que vive en el extranjero y reúne varias influencias crea un perfil que rompe con el estándar latinoamericano.
Háblanos de la parte visual de Tayta
Tayta es un disco que cuenta una historia. Cada canción es un capítulo y el trabajo visual que hizo Diego Ocote encarna muy bien ese concepto.
¿Qué opinas como productor de música electrónica de la colaboración de Nine Inch Nails con Boys Noize en Coachella?
Me gustó mucho por su estética, los colores y la contundencia de los sonidos. Me encantaría verlo en vivo. Un espectáculo de ese nivel normalmente solo puede existir en festivales gigantes.
Es quizá la forma más elevada de colaboración: decir «toquemos juntos y fundamos nuestros sonidos». Me parece una propuesta muy interesante y me gustaría hacer algo parecido en el futuro con algún amigo.
Hablando de performance y futuro, en estos días se presentó el concierto de Soda Stereo en formato visual. Esto nos da la posibilidad de ver a los Beatles o incluso a Mozart. Al mismo tiempo, algunos lo consideran una estafa porque se puede ver algo similar en casa. ¿Qué opinas?
Creo que hay un poco de todo. Cada avance tiene aspectos positivos y negativos. Es una nueva forma de experimentar un concierto y yo iría simplemente para entender qué se siente.
Sabiendo lo que significa Gustavo Cerati para Latinoamérica, es evidente que existe un componente comercial muy fuerte y ahí es donde aparece la crítica. Ese tipo de proyectos podrían salirse de control.
Incluso podría llegar el momento en que un artista vivo actúe simultáneamente en varios festivales mediante tecnologías similares. También he escuchado que estos formatos han enfrentado dificultades técnicas, así que habrá que ver cómo evolucionan.
No lo considero una estafa porque quienes asisten saben exactamente qué van a ver. Sería diferente si se presentara como algo que no es.
A mí me habría gustado asistir solo para escuchar esas canciones a gran volumen. Hay un componente de nostalgia muy fuerte: uno va para imaginar por un momento que sigue allí. Para mí, Cerati fue una especie de profeta que venía diciendo verdades desde hace mucho tiempo.
El aspecto comercial es delicado. La verdadera pregunta es si él habría estado de acuerdo con algo así. Conociendo lo que representaba artísticamente, yo creo que no.





