Matilda Nox, cantar para sanar
junio 10, 2026
Por Sono

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Matilda Nox tiene una construcción sonora y espiritual en su música. Desde Ibagué, la artista ha construido una propuesta que combina elementos del hip hop, la electrónica tropical, la canción de autor y una profunda exploración de las emociones humanas.

Alma, su más reciente sencillo, representa uno de los ejercicios más honestos y vulnerables de su carrera. La canción aborda historias familiares, procesos de sanación y experiencias que durante años permanecieron en silencio, convirtiéndose en una poderosa reflexión sobre la memoria, la identidad y el poder transformador de la música.

En esta conversación, Matilda Nox habla sobre el origen de su nombre artístico, la influencia del territorio en su obra, el impacto de las constelaciones familiares en su vida, el papel de la trompetista Camila Romero en Alma y los nuevos proyectos que marcarán el futuro de su carrera musical.

¿Qué tienen que ver Matilda Nox y Mallory Knox?

(Risas) No tiene nada que ver, pero me encanta. Me gustaba mucho ese tipo de cine cuando era más joven. Fue un personaje muy disruptivo en su momento.

Hay toda una creación detrás de Matilda Nox. No quería usar mi nombre real. Teníamos un grupo creativo e hicimos una lista de nombres. Entre ellos estaba Mallory Knox. Además, tenía un amiguito en la infancia que me llamaba Matildita porque decía que era una bruja que lo sabía todo.

Al principio era Matilda Knox, pero nadie lograba pronunciarlo correctamente. Una vez, en una presentación, me anunciaron como Matilda Fox y fue muy grave. Nos tocó quitar la K. Fue una lucha; incluso llegaron a decirme «Maldita Fox» (risas).

¿Qué te influye artísticamente de Ibagué?

Ha sido un ejercicio muy interesante. Es creer en el territorio. Nací en Bogotá y, a los siete años, migramos con mi mamá a Ibagué. Ella me inscribió en un colegio musical.

Ser artista en Ibagué ha significado agradecerle a la raíz, a todo lo que me formó aquí como creadora, y permitirme creer que se puede hacer música desde cualquier lugar del país.

Ha sido bonito representar a Ibagué y toda la sonoridad que existe en este territorio. Siempre me preguntan por qué sigo viviendo aquí. Permanecer en la ciudad también es una postura. Es importante creer en el territorio para dejar una huella en él.

¿Cómo es tener tanta influencia del hip hop sin hacer directamente el género?

En mi infancia tuve muchas influencias de la música colombiana, el pop y el hip hop. Lo primero que escuché fue a Eminem y 50 Cent. Luego tuve una etapa con Violadores del Verso que me marcó muchísimo.

Me conecté con la idea de poner tanta información en una canción de apenas dos minutos. Después descubrí propuestas colombianas y entendí el propósito del hip hop: hablar desde una causa real, desde la vida misma.

Pensé que iba a ser rapera, pero terminé llevándolo hacia otro lugar. Mi música tiene mucho del hip hop: hablo, rapeo y utilizo esos recursos, aunque no me considere la mejor rapera. Es algo que disfruto mucho.

Alma es un tema muy personal. ¿Qué se siente despojarse de la vergüenza y contar la vida privada?

En algún momento sientes que tienes que romper el silencio y contarlo. Es una información muy poderosa. Son vivencias profundas que pueden servirle a alguien más o generar una conexión.

No tenemos por qué sentir vergüenza. Es una de las vibraciones más bajas que existen. Se trata de soltar y dejar de pensar en lo que dirán los demás. Lo importante es la transformación y desde dónde estás viviendo ese proceso.

Para mí fue darle un lugar a cuatro almas que jamás llegaron. Mi mamá tuvo miedo de contar la verdad y la mentira también pesa mucho.

¿De cierta forma Alma es como hacer una constelación familiar?

Toda la historia nace en una constelación familiar. Desde los 13 años tuve una vida muy rebelde. Fui mamá muy joven; hoy tengo una hija de 15 años y eso marcó profundamente mi vida.

Durante mucho tiempo culpé a mis padres por muchas de las cosas que me ocurrieron. Eso cambió cuando hice mi primera constelación familiar. Ya venía en un proceso de entendimiento y sanación.

Quería constelar a mis padres porque vivía desde una mentalidad de escasez. Allí comprendí que no era la tercera hija, sino la séptima. Antes de mí hubo cuatro bebés que no llegaron a nacer. Honrarlos y darles un lugar fue muy importante.

La mujer que soy hoy se la debo a esos procesos. Si soy música es gracias a mi mamá y a las decisiones que tomó. En esa constelación aprendí a agradecer a mis ancestros.

¿Cuál es la parte de la letra de Alma que más te conmueve?

El rapeo de la segunda estrofa. Ahí está muy presente la influencia del hip hop.

Me gusta escribir cosas que representen la profundidad de mi alma. En esa parte cuento la historia tal como fue. Cuando digo: «De pequeña pensaba que la vida no es buena. Crecí buscando el amor por fuera», estoy desnudando mi alma y reconociendo algo que existió, pero que ya no define quién soy.

Actualmente hay muchas solistas femeninas destacadas. ¿Cuál es el factor diferencial de la propuesta de Matilda Nox?

Creo que todas las personas tenemos algo muy importante que se llama imprenta divina. Cada ser humano posee algo único construido a partir de su ADN y de sus experiencias.

Lo que marca la diferencia es que soy yo contando mi vida, el sonido que produce mi alma y la música que habita en mi corazón. No me interesa compararme porque todas tenemos algo irrepetible para ofrecer.

¿Qué aportó la presencia de la trompetista Camila Romero a la canción?

Le aportó muchísima alma. Es una trompetista empírica que toca en una banda llamada La Brigada RPF.

Yo arrendaba un espacio y un día llegué a casa escuchando una trompeta. Cuando uno es músico y escucha un instrumento interesante, inmediatamente quiere saber quién lo está tocando. Subí las escaleras y encontré a Cami enseñándole a mi arrendatario.

La primera versión de Alma tenía un sampler de trompeta muy cinematográfico (risas). Siempre pensé que sería maravilloso encontrar una trompetista mujer. Incluso soñaba con trabajar con Mayte Hontelé.

La vida me puso a Camila Romero dentro de la casa. Le envié la canción, la invité al estudio y así nació la colaboración. Ha sido una conexión bellísima. Para ella también ha significado explorar nuevos universos sonoros, mezclando ska, hip hop y salsa.

¿Qué viene para Matilda Nox?

Estamos viviendo una etapa muy importante de creación. Tenemos varias colaboraciones que llevaban tiempo en el tintero y actualmente estamos trabajando en cerca de siete canciones.

Espero que podamos presentarlas durante lo que queda del año. No tengo afán; prefiero disfrutar el proceso. Estoy contactando artistas de distintas regiones del país para sumarlos a estos proyectos.

Muchas de estas colaboraciones tienen una base de electrónica tropical, pero conservan una fuerte carga emocional y espiritual.

Además, estoy trabajando en un álbum que espero publicar dentro de dos años, cuando se cumplan diez años desde el inicio de mi carrera musical.

Mientras aparecen estas colaboraciones, sigo construyendo el disco. Mi sonido se ha transformado mucho y siento que quiero volver a la raíz: a los músicos en vivo, a tocar la guitarra y a reencontrarme con aquello que me llevó a hacer música en primer lugar. Es un proceso muy hermoso.

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