La originalidad es la cualidad más valiosa que encuentro en una banda. Lograr un sonido propio es un acto complejo desde lo técnico, lo performático y lo emocional. Evanescence ha conseguido consolidarse como una agrupación única gracias a la impactante voz de Amy Lee y a una manera muy particular de producir su música. Ahora presentan Sanctuary, su sexto álbum de estudio.
Se trata de un lanzamiento de doce canciones y el tercer disco de Evanescence producido por Nick Raskulinecz, conocido por su trabajo con Foo Fighters, Rush, Stone Sour y Alice in Chains. El álbum fue compuesto por la cantante y teclista Amy Lee, única integrante fundadora que permanece activa en la banda. La acompañan los guitarristas Tim McCord y Troy McLawhorn, el baterista Will Hunt y la bajista Emma Anzai, quien debuta en estudio con el grupo.
El momento Evanescence
Esta es una agrupación eminentemente de estudio. Su propuesta se construye a partir de capas y capas de instrumentos que se superponen hasta fundirse entre sí. Esa densidad sonora sirve de base para la voz de Amy Lee, aunque también se convierte en una característica que, por momentos, puede resultar monótona.
Esa misma complejidad hace especialmente desafiante sus presentaciones en vivo. Como ocurre con muchos exponentes contemporáneos del nu metal, reproducir en el escenario la riqueza de sus grabaciones no siempre es sencillo.
Sanctuary contiene varias canciones interesantes. Su fórmula está determinada por una consistencia pop que convive con riffs densos y pesados. La banda introduce pequeños cambios de protagonismo instrumental entre una canción y otra para evitar que una estructura general bastante similar termine por agotarse.
Las canciones destacadas de Sanctuary
Tell Me When You Had Enough arranca con una melodía sencilla que conecta con el metal sinfónico europeo. Es una pieza oscura, épica y efectiva.
La canción Sanctuary posee un aire confesional. Parte de una estrofa casi susurrada que luego explota en un coro luminoso. Es mi tema favorito del disco. Representa un camino que Amy Lee debería explorar con mayor frecuencia y que ya había logrado en Going Under, probablemente el sencillo que más me gusta de su carrera.
How Do I Heal es una pieza para piano y voz en tonalidad menor que condensa la lucha constante de la compositora con el dolor. La atmósfera de sintetizadores funciona muy bien y resulta refrescante precisamente porque evita el ya reconocible “momento Evanescence”, una fórmula que para este punto del álbum y de su discografía se vuelve previsible.
About Us se apoya en samples y aborda el sonido característico de la banda con mayor mesura. Es una canción de desamor y desencanto que gana ligereza al renunciar a algunos de los recursos más reiterativos del grupo.
La industrial Calm Down conecta con el sonido más reconocible del nu metal, aunque filtrado por una producción altamente procesada. La canción aborda el orgullo femenino tras una ruptura sentimental. Es como si Paquita la del Barrio vistiera un corsé y decidiera inundar sus guitarras de reverberación.
Amy Lee
La vocalista californiana posee una formación musical profundamente influenciada por Mozart y otros compositores clásicos. Entre sus referencias también pueden encontrarse ecos de Tori Amos y Kurt Cobain.
Sus raíces norteamericanas la alejan del enfoque tradicional de algunas cantantes europeas del metal sinfónico y gótico, como Sarah Jezebel Deva o Simone Simons. Sin embargo, también pueden rastrearse influencias de intérpretes más versátiles y eclécticas como Liv Kristine y Anneke van Giersbergen.
Amy Lee posee un rango vocal notable. Puede desplazarse de registros graves a pasajes delicados sin perder fuerza ni personalidad. Sus influencias más experimentales aportan un matiz imperfecto y terreno que le ha permitido conectar con públicos muy diversos. Esa cualidad la distancia de una música excesivamente preocupada por parecer culta.
A sus 44 años, y con una discografía por momentos de culto, sigue siendo la voz femenina más representativa de la generación del nu metal. Ha logrado conservar a quienes la siguen desde finales de los noventa y, al mismo tiempo, atraer nuevas generaciones de oyentes. Su personaje artístico representa a una mujer en un mundo patriarcal, que lucha contra la adversidad, siente cada experiencia con intensidad y, pese a la vulnerabilidad, siempre encuentra la forma de seguir adelante.
Sanctuary
Cuando escuché los sencillos previos al lanzamiento del álbum me parecieron demasiado similares entre sí y no lograron seducirme. La sensación inicial era que podían pertenecer a cualquier etapa de la discografía de Evanescence.
La banda no parece interesada en transformar radicalmente su identidad. Si propuesta no es especialmente arriesgado. Están cómodos dentro de los límites de su propio sonido. Mientras gran parte del metal moderno ha adoptado la sobreproducción, Evanescence la lleva incluso más lejos, utilizando enormes cantidades de efectos y saturaciones que resultan difíciles de imitar sin caer en el fracaso.
Su música puede pasar de la épica al universo de los videojuegos con sorprendente facilidad. Es un trabajo minucioso, agresivo y deliberadamente poluto, que encuentra su mejor complemento en la voz de Amy Lee. Todo ello remite a una estética de videoclips marcada por imaginarios de realidad virtual dosmilera, poesía oscura y mujeres heridas en busca de alivio.
En esos ojos azules y ese cabello negro azabache permanece la imagen que durante décadas ha sostenido el vínculo emocional entre Amy Lee y sus seguidores. Allí siguen estando la fortaleza, la identidad y la impronta que han convertido a Evanescence en una banda inmediatamente reconocible.
La mayor virtud y el mayor problema de Sanctuary son exactamente los mismos: Evanescence conoce perfectamente su identidad. Esa certeza les permite construir canciones sólidas y reconocibles, pero también limita su capacidad de sorpresa. El álbum deja claro que la banda gira entorno a una de las voces más carismáticas del rock contemporáneo y una producción inconfundible. Sin embargo, también confirma que no le interesa explorar nuevos caminos. Sanctuary no amplía el universo de Evanescence; simplemente lo habita con comodidad.





