Vivimos tiempos de lucha entre lo banal y lo profundo. Al mismo tiempo nos ha construido un abismo generacional intangible que nos separa por décadas al estilo de los signos del zodiaco. Intereses, gustos, acercamientos y distancias sustentados por el simple hecho de nacer en un año u otro.
La propuesta estética de Jane Schoenbrun
Jane Schoenbrun presenta su tercer largometraje. Esta creadora ha construido un lenguaje particular inspirado en la cultura pop, las luces de neón, las formas geométricas, el terror psicológico y la exploración de los modelos de sexualidad. Teenage Sex and Death at Camp Miasma (Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma) es una reflexión sobre la brecha generacional, escenificado en un tributo al cine slasher de los años ochenta. Si en I Saw the TV Glow rindió un lisérgico tributo a David Lynch, aquí toma a Viernes 13 como elemento central y muestra varias referencias al cine de John Carpenter o Wes Craven.
En una variación de metatexto, la narración nos sumerge en una película dentro de otra película, que a su vez vive dentro de otra película.
Armando la carpa
Hannah Einbinder interpreta a Kris. La actriz repite a su personaje de la comedia Hacks al encarnar a una guionista lesbiana y tímida que debe trabajar con una extravagante creadora mayor, interpretada por Gillian Anderson. Kris desea reescribir con un enfoque woke una vieja película de terror de culto. Para lograrlo, viaja a conocer a la enigmática actriz Billy Preston, quien, tras protagonizar el filme original, desapareció para recluirse en la misma locación donde se grabó.
La trama se centra en el delirio de estas dos mujeres en medio de un lugar de difícil acceso. El desarrollo de los personajes es intencionalmente estereotipado y predecible. La narrativa se siente mucho más ligera que en I Saw the TV Glow, orientándose más hacia la comedia y alejándose de lo intimista. Jack Haven repite actuación en su papel de persona no binaria que busca reafirmar su identidad de género.
Sonidos e imágenes: frío y calor
Alex G construye una atmósfera de sintetizadores muy similar a la que desarrolló en las dos películas anteriores de Jane Schoenbrun: una música fría y artificial. El compositor maneja de forma particular los tiempos en las escenas de tensión: a veces resulta creíble y en otras no, así genera aún más suspenso al no anunciar los sobresaltos de forma predecible.
La selección musical es sobresaliente, abarcando folk, soul y rock alternativo. Destaca el clásico Nightswimming de R.E.M., interpretado a medio tiempo por Okay Kaya, así como un bellísimo y violento videoclip grabado con A Long December de Counting Crows de fondo. Completan la banda sonora temas como Satan de Andy Shauf, I Love You Always Forever de Donna Lewis o No Ordinary Love de Sade. Son canciones atemporales que acentúan el conflicto generacional.
En el apartado visual, Eric Yue firma un trabajo de cinematografía altamente pop, nutrido por su experiencia en videoclips para artistas como Father John Misty o Lucy Dacus. El director de fotografía se aferra a elementos cotidianos, el consumismo, las luces de neón y paisajes que transitan entre lo onírico y lo infantil.
En resumen
Teenage Sex and Death at Camp Miasma es una comedia retorcida con secuencias estéticamente bellas y exageradamente sangrientas. La obra nos recuerda que no a todos nos gustan las mismas cosas y reflexiona sobre la tensión entre lo vacío y lo lleno de significado. Definitivamente es una película que resulta fácil de amar y de odiar por igual.
Un miasma es el mal olor que desprenden los cuerpos en descomposición y que, según se creía en la antigüedad, causaba enfermedades antes de descubrirse la existencia de las bacterias. En este filme, el lugar putrefacto está habitado por el propio mal de Hollywood: ejecutivos repelentes, agentes codiciosos y secuelas de pésima calidad. Todo está configurado en contra de una realizadora idealista que sueña con versionar aquello que para ella realmente importa.
Está producción de Mubi estrena en cine en Colombia el 13 de agosto.





