Diana Díaz Soto y el futuro del cine colombiano en el BAM
junio 19, 2026
Por Sono

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La edición 17 del Bogotá Audiovisual Market (BAM) abre convocatorias internacionales, suma aliados de peso como Netflix y plantea experiencias abiertas al público general. Además, presenta un componente social y regional que amplía la conversación sobre el audiovisual colombiano.

La Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes apuesta por iniciativas como el mercado de cine comunitario, la presentación de una herramienta para medir el impacto y alcance real del cine colombiano, y la celebración de los diez años de la plataforma VOD Retina Latina.

Conversamos con Diana Díaz Soto, directora de esta dependencia, sobre sus planes en el BAM, el impacto del cine colombiano, las propuestas de reducción o eliminación de algunas entidades culturales y las innovaciones que llegan al mercado cinematográfico más importante del país.

¿Cómo es el seguimiento que están haciendo al alcance de las películas colombianas?

Desde el Ministerio de las Culturas nos preguntamos cuál es la relación que tienen las películas colombianas con el público. ¿Cuál es el lugar que ocupa el público dentro del cine colombiano?

Nos hemos encontrado con varias cosas que han motivado, por ejemplo, el estudio de públicos que presentamos el año pasado. La estrategia de promoción de cine colombiano Nos Late el Cine nos ha llevado a realizar diálogos con los públicos de las películas en distintos lugares.

Nos hemos dado cuenta del esfuerzo gigantesco que hacen productores y distribuidores para que las películas lleguen a los espectadores, incluso cuando no es necesariamente a través de las salas de cine. Las películas llegan a las salas, pero también tienen que ir a donde está su público. Se llevan a plazas, colegios, universidades, cárceles y otros espacios, y eso no se está midiendo de ninguna manera.

Le estamos dando al sector una herramienta para que, de manera estandarizada, puedan recoger y analizar datos que luego permitan conocer el desempeño de una película a partir de este indicador.

¿Cómo es hacer un mercado de cine comunitario?

El movimiento de cine comunitario en el mundo es muy importante. Al mismo tiempo, sigue siendo marginal y no suele estar integrado dentro de las cinematografías nacionales.

Durante los últimos tres años le hemos venido dando fuerza a la estrategia de cine comunitario. Esta manifestación ha permitido a las comunidades colombianas expresar sus problemas, sus fenómenos, sus sueños, sus expectativas e incluso superar circunstancias que han vivido.

Tenemos más de veinte producciones. Es un sector vibrante de productores y realizadores: madres cabeza de hogar, niños, niñas y jóvenes que están explorando el lenguaje audiovisual. Está el tendero y está toda la comunidad reunida alrededor de una forma de expresión colectiva.

Eso es lo que vamos a tener en el BAM: diferentes experiencias de cine comunitario, posibles aportantes y colaboradores, embajadas y organizaciones internacionales. La idea es que conozcan cómo funciona el movimiento de cine comunitario en Colombia, cuáles son las películas que se están produciendo y cómo pueden darles mayor resonancia, no solo a las obras, sino también a las experiencias que las hacen posibles.

¿Cómo ven desde lo institucional el impacto de la película Un poeta?

Es una película que ha marcado un hito en la historia de nuestro cine. He tenido esa conversación con el productor y entendemos que Un poeta buscó un público desde el principio. Fue concebida para que esta tragicomedia generara elementos de identificación y representación para distintas personas.

También nos muestra que lo regional y lo local pueden tener impacto internacional. Importan esas formas de vida que entran en conflicto y que, precisamente por eso, pueden resultar universales.

Es una experiencia inspiradora para otros realizadores. De allí pueden surgir aprendizajes que terminen convirtiéndose en estudios de caso para futuros proyectos.

Este año también veo lo que está pasando con películas como El juego de la vida, Lactar o Llueve sobre Babel, que cada vez insisten más en que el público no se pierda la oportunidad de verlas porque encuentran que sus historias tienen algo valioso para ofrecer a los espectadores.

¿Qué opinan como institución del candidato presidencial que propone fusionar ministerios y posiblemente cerrar entidades como Proimágenes?

Desde que Colombia cuenta con la Ley General de Cultura de 1997, y desde que existe un ministerio que ha transformado su nombre y su enfoque hacia las artes y los saberes, el país ha crecido en su comprensión de la cultura y del lugar que esta ocupa dentro de la sociedad.

La cultura tiene la capacidad de ayudar a superar problemas y generar convivencia.

La cultura no se reduce a las bellas artes o a las formas clásicas de expresión. Lo que estamos buscando proteger son formas culturales profundamente simbólicas e intangibles, pero esenciales para distintos sectores de la comunidad.

Por ejemplo, el paisaje cultural del biche. No solo implica que se venda esta bebida o que llegue a los supermercados. Detrás de ello existe un tejido comunitario que involucra el trapiche, el cañaduzal, los cantos, la narración oral y el papel que desempeñan mujeres, hombres y familias dentro de ese proceso.

Eso es lo que permite una perspectiva amplia de las culturas, las artes y los saberes. Y eso es lo que hay que pensar cuando se habla de estas instituciones.

Esta edición del BAM internacionaliza su convocatoria, busca aliados fuertes y plantea un giro importante. ¿Cómo ven esto desde la institución?

En estos diecisiete años el BAM ha tenido que evolucionar de la misma manera en que lo ha hecho el sector cinematográfico.

Sin duda, el cine es una forma de creación y expresión que no puede darle la espalda a los grandes fenómenos del mundo. Debe ser consciente de cómo puede contribuir a reducir las brechas económicas, sociales y culturales que existen en distintas regiones del planeta.

El BAM está incorporando preguntas y discusiones que son necesarias y que también hacen parte del cine. Al incluir temas relacionados con la discapacidad, las narrativas provenientes de distintos territorios o las comunidades históricamente marginadas, está reconociendo que todo eso también es cinematografía.

Y eso está muy bien.

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