Se puede pensar que una quinta entrega de Toy Story es innecesaria y que la franquicia está desgastada. Sin embargo, Toy Story 5 sorprende con un buen guion, una mirada aguda al mundo actual, una reflexión profunda a la política y un interesante cambio de protagonista.
Nuestra sociedad mantiene una relación contradictoria con los juguetes. Por una parte, los coleccionistas han ganado cierto respeto cultural; por otra, existen programas de televisión que condenan a quienes conservan demasiados objetos y los catalogan como acumuladores. En esta saga, los juguetes pasan de generación en generación y representan una alegoría de la alegría infantil. Y un casi único canal estimulante de la creatividad.
La franquicia también ha despertado un sentimiento de culpa en quienes dejaron atrás esos objetos que marcaron su infancia. A la vez, utiliza la amistad sincera como eje central de sus historias. Ambos elementos conectan con una nostalgia profunda que une a adultos y jóvenes.
¿Quién es Lilypad?
Lilypad es una tableta inteligente que llega a la vida de la tímida niña Bonnie para encajarla dentro de las dinámicas tecnológicas, sociales y culturales de la actualidad.
Se convierte en la principal antagonista de la historia. Los juguetes parecen perder relevancia en un mundo dominado por dispositivos capaces de enviar mensajes, organizar agendas y moldear el comportamiento de una humanidad cada vez más dependiente de la tecnología y encerrada en su casa.
Interpretada por Greta Lee (Vidas pasadas, Tron: Legacy), Lilypad posee una animación distintiva que la diferencia del resto de personajes. Su diseño sintético y su apariencia artificial refuerzan la distancia que existe entre ella y los juguetes tradicionales.
La nueva alguacil
La vaquera Jessie (Joan Cusack) se convierte en el eje de la historia. A su lado permanecen los clásicos Buzz Lightyear (Tim Allen) y Woody (Tom Hanks), aunque esta vez el protagonismo recae sobre ella.
Está entrega le otorga la responsabilidad de liderar la aventura y dinamizar la narración mediante decisiones audaces e impulsivas. Mientras Woody y Buzz aparecen como figuras masculinas arquetipicas, Jessie emerge como una heroína intuitiva, valiente y dispuesta a actuar incluso cuando no tiene todas las respuestas.
Su principal apoyo continúa siendo Tiro al Blanco, un personaje que apenas se comunica mediante relinchos, pero que demuestra una notable capacidad para comprender las situaciones y reaccionar con prudencia.
Cuando la película nos habla a todos
El mal uso de la tecnología y las conductas adictivas que puede generar son abordados de forma directa. La película retrata una sociedad consumida por sistemas digitales que premian la conformidad y castigan la desconexión. Su reflexión sobre cómo la inmediatez ha reemplazado la cercanía resulta especialmente contundente.
Calles desoladas y mentes distraídas. Ese es el panorama que presenta la película. Al mejor estilo de las novelas de Stephen King, solo parecen salvarse aquellos niños que todavía conservan una imaginación activa y libre. Son perseguidos por fuerzas que buscan absorber esa última chispa de humanidad que aún conservan.
La crítica a la tecnología y al mercadeo surge desde una compañía como Pixar, cuya existencia está estrechamente ligada a ambos elementos. Vivimos rodeados de información, opiniones y estímulos constantes, hasta el punto de que cada certeza parece ser cuestionada inmediatamente por una nueva tendencia.
La reflexión final
La forma en que entendemos nuestro cuerpo, nuestros ideales y nuestro modo de vida, todo es político. Sin embargo, el problema surge cuando creemos que nuestra visión es la única válida y terminamos siendo manipulados por dinámicas más allá de nuestro entendimiento. Una de las grandes consignas de Toy Story 5 es romper con las tendencias impuestas y permitirnos ser auténticos.
Los juguetes tecnológicos y los análogos cumplen funciones didácticas similares. Al igual que la sociedad, se polarizan y se culpan mutuamente de problemas que en realidad son mucho más complejos. Cada uno proviene de contextos distintos y cree poseer una legitimidad superior frente al otro.
También resulta interesante la manera en que los adultos representan la imaginación sin límites de la infancia. En Toy Story 5 este aspecto está muy bien construido y fluye con naturalidad dentro de la narración.
Al final, Toy Story 5 recurre a la nostalgia, pero también reflexiona sobre el mundo del que proviene. Está bien contada, posee una animación impecable y ofrece texturas visuales que enriquecen la historia. La película homenajea muchas de las cosas que los adultos respetamos, al tiempo que se burla de ellas. Es una propuesta familiar, entretenida y sorprendentemente reflexiva. Ojalá que logré que tomemos consciencia para moderar la alienación digital en la que estamos inmersos y que nos quita humdnidad, salud y tranquilidad.
Posdata: Bad Bunny es la pizza con lentes de sol.





