El pueblo que creyó que una mirada podía matar
junio 11, 2026
Por Manuel Estevez

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El cine queer conserva un enorme poder transgresor debido a los prejuicios y tabúes que todavía persisten alrededor de la diversidad sexual. Temas como el machismo, el VIH, la aceptación y la forma en que la homosexualidad ha estado históricamente presente en la cultura popular adquieren una fuerza especial cuando son abordados desde el arte.

Disponible en Mubi desde el 12 de junio, La misteriosa mirada del flamenco es una película que explora, desde una sensibilidad poética y humana, la precariedad, la ignorancia y el abandono. Chile ya había ofrecido una poderosa radiografía de la experiencia trans con Una mujer fantástica; ahora, la ópera prima de Diego Céspedes vuelve sobre esa realidad desde un contexto rural y marginal, marcado por el miedo al sida y las supersticiones populares.

El universo de Flamenco

En un pequeño pueblo minero, el principal atractivo es un bar donde varias mujeres trans cantan, bailan y ofrecen compañía. Flamenco (Matías Catalán) es una de ellas. Además de enfrentar la discriminación cotidiana, padece una enfermedad que todos conocen como “la peste” o “la plaga”.

Lidia (Tamara Cortés), hija adoptiva de Flamenco, observa cómo el sida diezma tanto a las mujeres trans como a los mineros que frecuentan el bar. La película nos traslada al Chile rural de comienzos de los años ochenta: un lugar polvoriento, hostil y aislado, donde la alegría parece haberse extinguido. Desde allí, la narración incorpora elementos del western y del realismo mágico para construir una realidad que oscila entre lo tangible y lo fantástico.

Mamá Boa (Paula Dinamarca) es la matriarca de la comunidad trans. Sabia, cercana, sensible y combativa, parece salida de una película de Pedro Almodóvar. Representa el amor, la esperanza y la resistencia de un grupo condenado a vivir en los márgenes.

Por su parte, Giovanni (Pedro Muñoz) se convierte en el gran amor de Flamenco. Su relación adquiere la forma de un cuento de hadas trágico: dos personas condenadas por una enfermedad que nadie comprende y una relación marcada por la posesión.

Paula Dinamarca y Luis Dubó en La misteriosa mirada del flamenco. Foto cortesía Mubi.

“Puras invenciones de los cobardes”

La ignorancia de los habitantes del pueblo los lleva a creer que el VIH se transmite a través de la mirada de las mujeres trans. Es una forma de negar sus propios deseos y de evitar reconocer la relación que mantienen con ellas. Sin embargo, la película introduce posteriormente un giro narrativo que abre la puerta a una interpretación más fantástica y simbólica.

El contexto histórico resulta fundamental. Durante la década de los ochenta, el sida fue percibido como una amenaza incomprensible y aterradora. La desinformación, los prejuicios y el miedo favorecieron la estigmatización de la población LGBTQ+, especialmente durante los años de la dictadura militar chilena.

La enfermedad se convirtió en un asunto moral antes que sanitario. La información circulaba de forma limitada y los pacientes y población homosexual fueron víctimas de la exclusión social. Solo con el retorno de la democracia comenzaron a desarrollarse campañas masivas de prevención y programas de atención más estructurados.

La valiosa mirada de Diego Céspedes

Esto es cine latinoamericano en estado puro. La película combina elementos del realismo mágico con una sensibilidad que recuerda la influencia del neorrealismo italiano en buena parte de nuestra cinematografía. También funciona como una reflexión sobre el amor queer en contextos vulnerables donde no llegan los conservadores.

A sus 31 años, el debutante Diego Céspedes demuestra una notable madurez visual. Aprovecha al máximo los paisajes desérticos para reforzar la sensación de abandono y lejanía presente en toda la historia. Los pocos espacios luminosos, especialmente el bar y una pequeña poza que funciona como oasis, adquieren un significado emocional dentro de la narración.

El guion destaca por la profundidad con la que desarrolla a sus personajes trans. Más que centrarse exclusivamente en el sufrimiento, la película privilegia los vínculos afectivos, la solidaridad y la construcción de una comunidad capaz de resistir la adversidad. Existe además una memorable secuencia de pelea en el bar que enfatiza la influencia del western clásico presente en toda la obra.

La música de Florencia Di Concilio aporta una atmósfera melancólica y evocadora. Sus composiciones parecen vincular al universo sonoro de Ennio Morricone con los parajes andinos.Al mismo tiempo que no abandona expresiones latinas como el bolero. La presencia recurrente de la canción Ese hombre, de Rocío Jurado, termina por consolidarla como un himno emocionales de la película.

Puede resultar complejo para algunos espectadores aceptar el tono poético con el que se aborda una tragedia que cuesta millones de vidas. Sin embargo, ahí reside buena parte de la fuerza de esta propuesta. La misteriosa mirada del flamenco es, en esencia, una historia sobre personas que mueren sin comprender qué les ocurre, víctimas de la desinformación y del abandono institucional.

La soledad de los mineros contrasta con la fraternidad de las mujeres trans. La mirada excéntrica y fantástica que construye la película se complementa con el punto de vista de Lidia y de su amigo, dos adolescentes curiosos y empáticos que intentan descubrir la verdad detrás de “la peste” y ayudar a quienes los rodean.

Ganadora del premio principal de la sección Una Cierta Mirada en el Festival de Cannes 2025, La misteriosa mirada del flamenco es una obra profundamente humana. Una mano amiga, un abrazo cálido y una reivindicación de quienes enfrentaron con dignidad una de las crisis sanitarias y sociales más devastadoras del siglo XX.

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