La película Backrooms es una sorpresa para mí. No solo destaca la juventud de su director, Kane Parsons, quien apenas superaba los 20 años cuando la realizó, sino también el trabajo de su elenco y su cuidada dirección de arte.
Además, Backrooms compite con Obsesión entre las películas más rentables del año. Mientras tanto, ambas producciones independientes se enfrentan en la taquilla a superproducciones como Spider-Man y La odisea. El fenómeno resulta particularmente llamativo si se tiene en cuenta el origen independiente de estos proyectos.
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¿Qué son los Backrooms?
Se denomina creepypasta a los mitos y leyendas contemporáneos difundidos por internet, algunos de los cuales han desarrollado comunidades enteras de seguidores. Uno de ellos presenta los Backrooms como espacios interdimensionales donde ocurren fenómenos extraños y en los que es muy fácil perderse si alguien se adentra en ellos.
En estos espacios se desarrollan realidades paralelas y universos alternativos. Además, suelen estar relacionados con instalaciones secretas, de carácter público o privado, donde habitan entidades interdimensionales, humanos extraviados y posibles dobles de las personas.
Los Backrooms, particularmente, cuentan con numerosos foros virtuales. Asimismo, se ha realizado contenido para YouTube (original de Kane), existe un videojuego y ahora llega esta película. Visualmente, este universo se caracteriza por un laberinto interminable de oficinas modulares, pasillos y espacios aparentemente cotidianos que adquieren una dimensión inquietante.
¿De qué se trata Backrooms?
Clark (Chiwetel Ejiofor) es un hombre con problemas. Tiene adicción al alcohol, maneja una tienda de muebles que no tiene muchos clientes y su esposa lo ha abandonado. En medio de esta situación, busca ayuda con Mary Kline (Renate Reinsve), una psicoanalista afectada por la demolición de su casa y los problemas emocionales de su madre.
Por otra parte, el hombre lleva una vida miserable y desordenada que lo lleva a vivir en su oficina. Allí descubre la entrada a los Backrooms y comienza a explorarlos. Con el tiempo, termina involucrando a otras personas en su aventura.
De esta manera, este espacio se convierte en un reflejo distorsionado de sus emociones, sus recuerdos y su mundo interior. Así, los Backrooms dejan de ser solamente un escenario fantástico para convertirse también en una representación de los conflictos de sus personajes.
La ambientación de Backrooms
Backrooms inevitablemente nos recuerda las sensaciones de algunas películas de ciencia ficción de los años setenta. Tiene, además, un tono cercano a series como La dimensión desconocida, el ambiente gráfico del cine de David Cronenberg e incluso la claustrofobia de THX 1138, de George Lucas.
Una de sus grandes fortalezas es, precisamente, la dirección de arte. Esta sostiene de manera muy eficiente tanto la estética como la narrativa de la película. Alan Derksen logra, además, una muy buena comunión con el trabajo de fotografía de Jeremy Cox en este thriller psicológico lleno de escenarios meticulosamente construidos.
Asimismo, la creación de este universo paralelo requiere intervenir y deformar objetos de la vida real hasta llevarlos a límites delirantes. El resultado es un mundo reconocible y, al mismo tiempo, profundamente extraño.
La película también cuenta entre sus productores con dos pesos pesados de Hollywood. Por un lado está James Wan, director y productor de exitosas franquicias como Saw, El conjuro e Insidious. Por otro, figura Shawn Levy, director y productor de películas como Una noche en el museo y Deadpool & Wolverine.
Es decir, se trata de dos productores con experiencia en proyectos de gran alcance comercial que vieron potencial en esta propuesta. Su participación, además, ayuda a explicar cómo una idea nacida en internet consiguió convertirse en una producción cinematográfica.
Conclusiones
Backrooms no es una película que vaya a cambiar la historia del terror. Tampoco resulta especialmente fresca en todos sus planteamientos. Sin embargo, se apalanca en un concepto que interesa especialmente al público joven y lo desarrolla desde una perspectiva contemporánea.
Su gran as bajo la manga es la siempre magnífica Renate Reinsve, quien, además, suele escoger proyectos cinematográficos arriesgados como Armand, A Different Man o La peor persona del mundo. Su presencia genera, por lo tanto, cierta garantía de calidad interpretativa. La verdad, no sabía que participaba en la película y su presencia fue una grata sorpresa.
Por otra parte, Backrooms representa un acierto para A24, después de varios proyectos que no tuvieron impacto. La compañía se encargó de la distribución de una película que ha conseguido multiplicar por treinta su presupuesto de 10 millones de dólares.
Finalmente, Backrooms demuestra que un concepto nacido en internet puede convertirse en una experiencia cinematográfica con capacidad para atraer a un público masivo. Aunque no revoluciona el género, funciona gracias a su atmósfera, su dirección de arte y el trabajo de un elenco encabezado por Renate Reinsve y Chiwetel Ejiofor.
Backrooms está disponible en Amazon Prime Video.
Agradecimientos a A24.





