¿Por qué Ruidosa es un festival necesario?
julio 22, 2026
Por Sono

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Ruidosa Fest 2026. Ya son diez años de música y una conversación que la industria aún no ha resuelto

Diez años después de su nacimiento, Ruidosa Fest llega a una nueva edición con la misma pregunta que motivó su creación: ¿por qué las mujeres y las diversidades siguen sin ocupar el mismo espacio que los hombres dentro de la industria musical?

La respuesta continúa siendo compleja. Aunque la presencia femenina en escenarios, sellos discográficos y equipos de producción ha crecido durante la última década, diversos estudios internacionales siguen evidenciando brechas en representación, oportunidades laborales y liderazgo. A ello se suma la persistencia de situaciones de acoso y discriminación que afectan a artistas y trabajadoras del sector.

En ese contexto, la décima edición del festival impulsado por la cantante y compositora chilena Francisca Valenzuela adquiere una dimensión que trasciende la programación artística. En un momento en que distintos países experimentan el fortalecimiento de discursos conservadores y el cuestionamiento de políticas de igualdad y diversidad, Ruidosa Fest vuelve a plantear la cultura como un espacio de encuentro, reflexión y transformación social.

Los próximos 10 y 11 de octubre, el festival confirma a artistas como Tokischa, Pabllo Vittar, Ana Tijoux, Denisse Malebrán, Cancamusa y Camila Moreno, entre otras, en una programación que combina conciertos, conversatorios y actividades interdisciplinarias.

Un festival que busca cambiar la conversación

Cuando Francisca Valenzuela creó Ruidosa en 2016, el objetivo no era únicamente organizar un festival de música integrado por mujeres.

La primera edición, realizada en Santiago de Chile y Ciudad de México, reunió a artistas como Myriam Hernández, Camila Moreno, Fakuta y Paz Court, pero también abrió espacios de discusión sobre representación, condiciones laborales, diversidad y equidad de género dentro de la industria musical.

Desde entonces, la plataforma ha evolucionado hasta convertirse en uno de los proyectos culturales más influyentes de Latinoamérica en torno a estos temas.

Los eventos que abrieron el camino

La historia de Ruidosa forma parte de una tradición internacional de festivales creados para responder a la desigual representación femenina en la música.

En 1973 se realizó en Sacramento, California, uno de los primeros encuentros dedicados exclusivamente a mujeres músicas. Un año después nació el National Women’s Music Festival, impulsado por la compositora y activista Kristin Lems, como respuesta a la escasa presencia femenina en festivales, conciertos y compañías discográficas.

Dos décadas más tarde surgiría otro referente fundamental: Lilith Fair, creado por Sarah McLachlan y Paula Cole después de cuestionar que los grandes festivales apenas incluyeran una artista mujer en sus carteles.

Entre 1997 y 1999 reunió a artistas como Suzanne Vega, Sheryl Crow, Lisa Loeb, The Cardigans, Beth Orton, Cat Power y Tracy Chapman, además de recaudar cerca de siete millones de dólares para organizaciones sociales.

Su impacto fue significativo. Se hizo una versión en 2010 y en 2025 la historia del festival fue recordado gracias al documental Lilith Fair: Building a Mystery, dirigido por Ally Pankiw.

Colombia también construye estos espacios

En América Latina han surgido iniciativas que buscan ampliar la visibilidad de las mujeres en la música.

En Colombia destacan encuentros como Flores de Asfalto, dedicado al hip hop femenino bogotano; Más Mujeres Músicas Fest, realizado en Medellín; y FIME, el Festival Internacional de Mujeres en las Artes, que integra música, cine, fotografía y danza.

A nivel internacional también aparece Daisy Chain Fest, el nuevo festival impulsado por Olivia Rodrigo, que reunirá en California a artistas como Doechii, Chappell Roan, Garbage, Bikini Kill, The Breeders y Die Spitz.

Esto será Ruidosa Fest 2026

La décima edición ofrecerá una programación que combina música, pensamiento y participación comunitaria.

Durante dos jornadas se realizarán 22 conciertos, dos espectáculos de stand up comedy, seis conversatorios, una feria de emprendimientos y organizaciones sociales, instalaciones artísticas, experiencias educativas y diversas activaciones culturales.

Dos escenarios principales funcionarán de manera alternada para mantener una programación continua durante ambos días. Paralelamente, el Teatro La Cúpula se convertirá en el Centro de Conversatorios, donde participarán referentes de la música, la cultura, el emprendimiento y el activismo.

El cartel reúne artistas de distintas generaciones, géneros y trayectorias, reafirmando la intención de construir un festival donde la diversidad artística refleje también una industria más incluyente.

«Año tras año ha sido un sueño hecho realidad y en esta oportunidad estamos más poderosas que nunca», afirma Francisca Valenzuela.

La artista resume el espíritu del proyecto con otra frase que se ha convertido en una declaración de principios:

«No hay una sola manera de ser mujer, no hay una sola manera de ser exitosa.»

Ruidosa es más que un festival

Ruidosa Fest es una plataforma cultural que durante una década ha impulsado conversaciones necesarias sobre el presente y el futuro de la música latinoamericana.

Además de organizar conciertos y encuentros en Chile, México, Argentina, Perú, Estados Unidos y otros países, Ruidosa ha construido una comunidad que promueve el intercambio de experiencias, la formación y la generación de oportunidades para mujeres y diversidades.

Ese trabajo también se refleja en Ruidosa Research, el área de investigación de la organización, cuyos estudios sobre representación y participación en la industria musical se han convertido en una referencia para instituciones públicas y privadas. Su investigación más reciente fue reconocida internacionalmente y utilizada como base para el desarrollo de políticas públicas y proyectos de ley en distintos países de América Latina.

Diez años después de su primera edición, Ruidosa Fest demostra que la discusión sobre igualdad en la música no pertenece al pasado. Mientras las brechas de representación, liderazgo y seguridad persistan, la existencia de espacios como este seguirá siendo una herramienta cultural y política para imaginar una industria más diversa e incluyente.

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