Jennifer Finch ha fallecido. Apenas una semana después de que se conociera que padecía una agresiva forma de cáncer y que había sido sometida a varias intervenciones quirúrgicas, la bajista estadounidense murió dejando un legado imprescindible para la historia del rock alternativo.
Como integrante de L7, Jennifer Finch ayudó a definir el sonido de una banda que buscó una identidad propia entre el punk, el hard rock, el grunge y el metal. Su trabajo trascendió la música: desarrolló una reconocida labor como fotógrafa, retratando a buena parte de la escena alternativa estadounidense.
En 2021, nuestros amigos de ElEPé Podcast conversaron con ella sobre Smell the Magic, el segundo lanzamiento de L7, producido por Jack Endino y publicado en 1990. Tuve la oportunidad de asistir a esa sesión como público y me sorprendieron su sencillez, sentido del humor y sus anécdotas.
Hoy, como homenaje a su memoria, compartimos algunos momentos de aquella conversación, en la que Jennifer habló sobre los inicios de L7, la explosión del grunge, el feminismo, sus influencias musicales y el legado de una agrupación que marcó la historia del rock.
“Cuando me uní a L7 tenía rabia, pero también optimismo”
Los inicios con L7
¿Cómo era tu vida antes de L7 y de dónde nació tu afición por la fotografía?
Empecé a ir a conciertos desde muy joven. Como era menor de edad, me resultaba muy difícil entrar. Entonces se me ocurrió pedirle prestada la cámara a mi padre para hacerme pasar por fotógrafa y evitar que me pidieran el documento de identidad. Funcionó la mayoría de las veces. Así pude ver bandas como The Cramps y The Ramones.
Un poco más adelante me fui a San Francisco y me uní a una banda junto a Courtney Love y Kat Bjelland. La verdad, siempre me he considerado más una creadora que una música. Fue una experiencia maravillosa y aprendí muchísimo.
Tiempo después recibí la llamada de un amigo para regresar a Los Ángeles e integrarme a L7.
¿Qué te atrajo de L7? ¿Qué buscabas al unirte a la banda?
Lo que más me interesaba era viajar y expandirme más allá de Los Ángeles. Quería asegurarme de que la visión de L7 fuera salir de gira, crear y grabar discos. Mucha gente tenía otro trabajo y solo hacía música los fines de semana.
Lo primero que ellas me preguntaron fue si podía dejar las drogas, porque llevaba una vida muy fiestera (risas). Me esforcé por hacerlo y empezamos a trabajar juntas.
Brett Gurewitz, de Bad Religion, había creado el sello Epitaph Records y nos firmó para publicar nuestro primer álbum, L7.
¿Cómo era el proceso de composición con Suzi Gardner y Donita Sparks?
Ensayábamos todos los martes y jueves. A veces comenzábamos a improvisar sobre un riff y, en otras ocasiones, alguna llegaba con una canción prácticamente terminada y entre todas la desarrollábamos. Siempre teníamos una grabadora funcionando para escuchar después las ideas que iban surgiendo.
Suzi es una genia en temas de audio y tecnología. Ella nos enseñó un truco muy curioso: poner la grabadora dentro de una taza para mejorar la captura del sonido. Pruébenlo, realmente funciona.
Teníamos muchas ideas y una enorme necesidad de grabarlas. A lo largo de los años trabajamos con grandes productores: Brett Gurewitz en el primer disco, Jack Endino en Smell the Magic y Butch Vig en Bricks Are Heavy.
En 1990 ya comenzaba a sentirse lo que estaba ocurriendo en Seattle, mientras Los Ángeles atravesaba una crisis de identidad entre la cultura del metal y el pop. Nosotras adorábamos a Black Sabbath y esa sensación de tocar con un sonido directo del amplificador para conectar con el público.
Existía una colección de lanzamientos mensuales conocida como el «Club de los Singles» y tuvimos la oportunidad de participar en enero. Allí aparecieron Shove y Fast and Frightening. Todavía conservo una copia sellada de ese EP.
¿Qué diferencias ves entre el punk rock anterior al grunge y el que vino después?
Sí existía una diferencia. Creo que muchas de las bandas más exitosas de mediados de los noventa miraban hacia el pasado para encontrar inspiración. Nosotras no estábamos escuchando a The Clash ni al folk. Solo queríamos encontrar nuestro propio sonido.
Esas nuevas bandas también tenían la presión de convertirse en un producto exitoso. Green Day es un buen ejemplo. Ellos hicieron del punk un producto masivo y, sinceramente, me parece perfectamente válido.
¿La música de L7 era más cruda que la de bandas como Sublime?
Teníamos que grabar un disco en apenas dos días. Era una cuestión de presupuesto porque nadie imaginaba que aquel álbum tendría el impacto que terminó teniendo. Esas limitaciones nos obligaban a tomar decisiones rápidas y, en cierto modo, nos ayudaron a hacer grandes discos.
En ese álbum solo éramos cuatro personas dentro de un estudio. Encendíamos la grabadora y tocábamos.
Dee Plakas es una baterista extraordinaria. Tiene un sentido interno del ritmo imposible de imitar y eso hace que todo suene con una energía muy particular. Ese fue uno de sus grandes aportes al sonido de L7.
Más adelante algunos productores intentaron corregir ese estilo porque no lo consideraban técnico o preciso. He visto músicos intentando imitarla en bandas tributo y es mucho más difícil de lo que parece.
¿Cómo influía esa forma de tocar de Dee Plakas en tu manera de interpretar el bajo?
Esa sensación permanente de tensión y relajación estaba presente en toda la banda y era algo que Dee enfatizaba constantemente. Como bajista debía mantenerme completamente conectada con ella para sostener el pulso de las canciones y acompañar la manera en que cada historia iba desarrollándose. No era una tarea sencilla.
Smell the Magic y el nacimiento del grunge
¿Por qué aparece en Wikipedia Mike Patton en los créditos del disco y qué tienen que ver The Ramones con el disco?
(Risas). Quizás se trata de una canción llamada American Society, escrita por James Patton, de una banda llamada Eddie and the Subtitles, que nunca alcanzó mucha notoriedad, aunque yo la vi tocar infinidad de veces.
A mediados de los años noventa salimos de gira con Faith No More y los considero amigos muy cercanos. Conozco a Roddy Bottum y Billy Gould desde la adolescencia. De hecho, ellos se escaparon del colegio para viajar a San Francisco y yo los seguí cuando me uní a la banda que tenía con Courtney Love.
¿Y cuál es la relación con The Ramones?
Daniel Rey produjo la canción Just Like Me. Además, fue coautor de Pet Sematary y productor de varios discos de The Ramones. Ha sido amigo nuestro durante muchos años y una figura muy importante en la historia de la banda.
Ustedes grabaron con Jack Endino, productor de varios discos fundamentales para el nacimiento del grunge. ¿Cuál crees que fue el aporte de L7 a ese movimiento?
Íbamos a conciertos de Nirvana y Mudhoney, y todos nos inspirábamos mutuamente. L7 aportó su sencillez, su carga emocional y la intensidad con la que se presentaba en vivo. Éramos una banda que no dejaba de tocar, incluso si se rompía una cuerda. Solo hacíamos una pausa después de cuatro o cinco canciones.
Creo que Nirvana tomó parte de esa intensidad que L7 transmitía sobre el escenario.
El legado de L7
¿Cómo crees que lo que hizo L7 influyó en el movimiento feminista actual?
Cuando empezamos a tocar no había una ausencia de mujeres en la escena. Había muchas bandas integradas por mujeres y eso no era extraño. Nosotras simplemente amábamos hacer música.
Que hoy nos den un lugar como precursoras de algo es maravilloso. Lo que más me emociona es cuando una mujer me dice que decidió estudiar Derecho, montar un negocio o seguir cualquier otro camino porque nuestra música la inspiró. Al final se trata de hacer lo que quieras, sin importar quién seas.
El movimiento #MeToo habla del abuso de poder. L7 estuvo expuesta a muchas de esas situaciones y las vivimos de primera mano. Vimos a personas muy poderosas aprovecharse de otras constantemente.
¿Crees que ustedes iniciaron el movimiento de mujeres haciendo rock pesado a finales de los años ochenta?
No. No lo iniciamos, pero sí lo alimentamos. Abrimos una puerta, aunque bandas como Bikini Kill o Bratmobile encontraron su propia voz.
Nosotras amábamos el rock y éramos amigas de muchas bandas, pero tuvimos que enfrentarnos a la industria musical. Ellas vieron esa realidad y decidieron construir su propio movimiento. Eso me hace sentir muy orgullosa.
¿Crees que The Runaways plantó la semilla?
Es una pregunta interesante. Ellas eran una banda de rock mucho más comercial, un producto de la industria. L7 siempre quiso ser auténtica. Escribíamos nuestras propias canciones y salíamos de gira juntas.
Creo que influimos no solo en mujeres, sino también en muchos hombres. Nuestra forma de abordar las guitarras terminó siendo muy influyente y tener una baterista que también hacía coros era algo poco habitual en ese momento. Hoy la gente puede disfrutar de ese sonido sin saber necesariamente de dónde proviene.
Cada semana le pedimos a nuestros invitados que recomienden una canción. ¿Por qué elegiste I Want More, de Suicidal Tendencies?
Es la canción que pongo cuando necesito limpiar la casa de emergencia (risas). Solíamos ir a ver a Suicidal Tendencies muy seguido y siempre nos encantó la energía de esa canción.
Actualmente tengo un proyecto musical hardcore con Amery Smith, baterista original de Suicidal Tendencies. Quizás nunca lo publiquemos, pero nos divertimos muchísimo. Me invita a su casa y me obliga a tocar el bajo muy rápido.
Dejaste la banda alrededor de 1996. ¿Cómo viviste esa decisión como música y como persona?
Fue una de las decisiones más difíciles que he tomado. Sentía que necesitaba hacer una pausa.
Ya regresé. Llevamos cinco años tocando juntas y acabamos de publicar un disco con el sello de Joan Jett. Necesitaba ese descanso.
Hay una canción llamada Garbage Truck que escribí precisamente en Bogotá. Estábamos de gira por Suramérica y tuvimos unos días libres. Recuerdo haber visto un desfile de tanques por la ciudad y esa imagen terminó inspirando la canción.
¿L7 estuvo en Colombia, soy fan y nunca me enteré?
Sí (risas). O quizá ese sea uno de esos momentos en los que ya empiezo a tener memoria de abuelita.
Bricks Are Heavy es considerado por la revista Rolling Stone uno de los discos esenciales de los años noventa, pero Smell the Magic fue clave en el nacimiento del grunge. ¿Cuál consideras más importante?
Bricks Are Heavy es un disco de hard rock y representa la evolución de L7 como banda.
¿Qué has hecho durante la pandemia?
Volví a estudiar. Estoy haciendo una maestría en Historia del Arte y Lenguaje Visual. Ya veremos qué sucede después.
Siempre les pedimos a nuestros invitados que recomienden tres discos imprescindibles.
Es muy difícil elegir solo tres. Sin duda recomendaría el álbum homónimo de Suicidal Tendencies, Master of Reality, de Black Sabbath, Angel Dust, de Faith No More, y también Paul’s Boutique e Ill Communication, de Beastie Boys.
Agradecimientos a Elepé Podcast.





