La escritora canadiense Margaret Atwood publicó El cuento de la criada en 1985. Una distopía inquietante que, de cierta manera, parece anticipar el resurgimiento actual de posturas conservadoras y su interpretación del papel de la mujer en la sociedad. Atwood presentó esta historia en un momento en el que los derechos civiles y sexuales comenzaban a florecer tras siglos de lucha y pequeños triunfos.
Lo preocupante es que, en pleno 2026, parte de la juventud abraza narrativas que intentan minimizar o ridiculizar las conquistas relacionadas con la igualdad de género, raza y diversidad corporal. Derechos alcanzados tras una lenta y todavía incompleta deconstrucción social.
Adaptaciones: ¿libros, películas, series o montajes teatrales?
En 1990 se estrenó una película protagonizada por Natasha Richardson. A comienzos de los años 2000 se realizaron dos montajes teatrales basados en la novela. Sin embargo, fue en 2017 cuando llegó la popular serie El cuento de la criada, un intenso thriller de seis temporadas protagonizado por la estupenda Elisabeth Moss.
En 2019 se publicó Los testamentos, secuela directa de El cuento de la criada. La novela narra la vida de Agnes, hija de June, y marca el regreso de personajes fundamentales como la tía Lydia y la propia June Osborne.
En 2026 llega a Disney + la adaptación televisiva de Los testamentos. La serie está protagonizada por Chase Infiniti, actriz conocida por Una batalla tras otra, y cuenta con la producción ejecutiva de Elisabeth Moss, además de la asesoría activa de Margaret Atwood.
El universo televisivo resulta mucho más amplio que el literario. Las series desarrollan con mayor profundidad los personajes y expanden la narrativa del régimen de Gilead. Los testamentos se enfoca especialmente en el derrumbamiento interno de ese sistema totalitario, representado en una dubitativa tía Lydia. Un drama político ambientado en una sociedad alienada por el fanatismo religioso y el poder masculino.
El terror del totalitarismo
A nivel personal, esta historia me produce auténtico pavor. El nivel de violencia y la normalización del abuso resultan aterradores. Además, como toda buena distopía, inquieta por la posibilidad latente de que algo semejante pueda ocurrir.
El fanatismo convierte a personas comunes en crueles asesinos y en una masa dominada por el odio y la obediencia ciega. Un retroceso en la evolución humana que anula el pensamiento crítico y transforma a la sociedad en una horda despersonalizada.
Ese miedo a la autoridad desmedida, a la pérdida del raciocinio colectivo y a la posibilidad de repetir los errores del pasado es precisamente lo que hace tan perturbador este universo.
Los testamentos
Noto un distanciamiento estético muy interesante entre El cuento de la criada y Los testamentos. La primera posee una estética más futurista y urbana, mientras que la segunda se acerca a una atmósfera casi victoriana. Incluso la fotografía y el tratamiento visual recuerdan por momentos a un cuadro impresionista.
Las actuaciones son sólidas y encajan con esta historia llena de rituales, símbolos y solemnidad. La serie mantiene un ritmo casi teatral y una dinámica contenida que explota periódicamente según las necesidades del guion.
Chase Infiniti vuelve a interpretar a una mujer más joven que ella. Su figura menuda y su rostro angelical le permiten representar con credibilidad a una adolescente. Su personaje retrata a una joven que inicia la adultez dentro de una sociedad que ya la observa únicamente como una posible esposa.
Ya se ha confirmado que habrá una segunda temporada de la serie.
En conclusión
El libro Los testamentos hereda el universo de El cuento de la criada, pero consigue diferenciarse con una identidad propia. La serie, al expandir varios elementos narrativos, prolonga esta historia de horror hacia un futuro inquietantemente cercano.
Visualmente, Los testamentos posee una personalidad muy marcada. La imagen difuminada y el violeta como color predominante en los uniformes de las novicias funcionan como símbolos del control religioso, la vigilancia y la obediencia. Mientras que el rojo en El cuento de la criada representaba fertilidad, pecado y sometimiento, el violeta parece relacionarse con la pureza impuesta y la transición hacia el adoctrinamiento definitivo.
La serie también profundiza en el coming of age de sus jóvenes protagonistas. Educadas para servir a la nación bajo la vigilancia constante de las tías. Las lealtades se ponen a prueba constantemente, incluso por encima de la amistad.
Además, una lujosa selección musical acompaña la serie. Suenan artistas como Blondie, The Cranberries y Ann Peebles. El compositor Adam Taylor propone arreglos de cuerdas disonantes y perturbadores, ideales para representar el miedo y la incertidumbre de crecer dentro de este infierno totalitario.





