Bambarabanda es una agrupación fundamental para la música de Nariño, pionera en llevar los sonidos del sur del país a Bogotá e incorporarlos en el gusto de las generaciones más jóvenes. La banda entregó lo mejor de su repertorio y su energía en la tarima de Colombia al Parque. Hubo baile, espuma y una gran fiesta alrededor de su presentación, en la que tampoco estuvo ausente una postura política directa: incluso desplegaron una bandera palestina.
Tres discos y cinco sencillos publicados a lo largo de 25 años dan cuenta de la trayectoria de esta agrupación, acostumbrada a grandes escenarios y reconocida en Latinoamérica y distintas partes del mundo.
Hablamos con Adriana y Carolina, vocalistas e instrumentistas de Bambarabanda.
Ustedes abrieron el camino para los artistas nariñenses en Bogotá. Tras más de 20 años de carrera, ¿qué tanta responsabilidad sienten por este hecho?
Adriana: Es algo muy lindo saber que la gente lo reconoce porque ha sido un trabajo arduo. Ya son 25 años en este caminar. La verdad es que hay mucho talento en nuestra tierra y, al llevar la bandera de nuestra región, abrimos puertas cuando casi no se miraba hacia el sur y todo estaba muy centralizado. Es un orgullo para nosotros saber que ese esfuerzo permitió que muchas agrupaciones jóvenes hoy sean reconocidas a nivel nacional e internacional.
¿Cómo es para ustedes traer la alegría del sur y tener tan buena acogida entre el público?
Carolina: Es extraer una parte del carnaval que es intrínseca en todos nosotros. Esto es importante no solo para Bambarabanda, sino también para toda la música que se crea desde la montaña, el Nudo de los Pastos y junto al volcán Galeras. Nuestra influencia es amplia porque le apostamos a todas las artes. Creamos desde la experimentación y en tarima tenemos un bagaje teatral de muchos años. Compartimos toda esa esencia de Nariño, pero expandiéndola al mundo, además de añadirle un toque de modernidad y globalidad.
¿Cómo ha cambiado Bambarabanda en estas dos décadas?
Adriana: Ha sido una búsqueda constante basada en el trabajo investigativo y experimental. El concepto ha madurado tras muchos años de exploración. Nuestros sonidos son ahora más compactos y reconocibles. Visualmente también existe una propuesta mucho más clara. Todo ha sido parte de este arduo camino para que se reconozca la música del sur y a Bambarabanda como uno de sus ejes fundamentales.
Ustedes dos tienen un trabajo en tarima de mucha conexión. ¿Qué las inspira como caras visibles de la banda?
Carolina: Es una pregunta amplia. En mi caso, los gustos familiares tienen mucho que ver. Podría nombrar mujeres que admiro y escuché desde la infancia, como Mercedes Sosa o Violeta Parra. También tengo una gran influencia del rock latinoamericano, con bandas como Aterciopelados o Café Tacvba. La lista es muy extensa.
En Bambarabanda existen gustos muy distintos y cada integrante aporta su toque especial. Esa mixtura crea el color particular de nuestra música.
Adriana: Justamente esa mezcla de gustos entre todos los integrantes hace que nuestra música sea tan colorida. Todas esas influencias nos han traído hasta este punto, especialmente las que vienen de nuestras raíces.
Hubo baile y diversión, pero también una postura política muy marcada. Artistas como Wim Wenders, Nick Cave o Thom Yorke han sido confrontados por querer separar la política del arte. ¿Qué opinan ustedes como artistas con una postura clara?
Carolina: En nuestro caso, el arte es político. Desde la sensibilidad que tenemos como colectivo y como pueblo, nos gusta cantar lo que pensamos. Nos gusta expresarlo y no vamos a callar lo que sentimos porque alguien quiera imponernos silencio. Al contrario: ahí está el poder de la diversidad. En un momento en el que el país y el mundo necesitan tomar postura, nosotros lo hacemos con respeto y desde nuestro lugar.





