El conjuro: Los últimos ritos, el cierre de una saga agotada
octubre 5, 2026
Por Manuel Estevez
Patrick Wilson, Ben Hardy, Vera Farmiga en El conjuro: los últimos ritos.

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El director, guionista y productor James Wan ha cimentado buena parte de su millonaria carrera en demonios, aparecidos y vengadores sádicos. La saga de El conjuro ha constituido un fenómeno irregular en lo artístico, pero de enorme trascendencia cultural y con una taquilla importante.

Junto a franquicias como Insidious y Saw, El conjuro ha desarrollado el mito de los esposos Warren a lo largo de varias películas. En 2025 llegó su cuarta entrega, promocionada como Los últimos ritos, presentada como el cierre de la historia de esta pareja de investigadores paranormales, ahora acompañados por su hija y Tony, su prometido.

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El rito final

Es 1984 y Ed y Lorraine Warren han envejecido y están retirados de sus actividades. Su hija, Judy, ha vivido aterrada por el don que recibió de su madre. Puede ver y percibir espíritus y entidades de otros planos. Lorraine ha sido su mentora y la ha ayudado a canalizar y manejar sus habilidades.

Por otra parte, en Pensilvania, la familia Smurl empieza a tener problemas debido a un espejo antiguo que llevaron a su casa y que provoca una infestación de espíritus malignos que atormenta a todos sus miembros.

Ante la gravedad del caso y una vieja relación con ese objeto poseído, los Warren regresan a la investigación para intentar ayudar a la familia.

Cuando el miedo se instrumentaliza

No es que necesariamente esta película no genere miedo o sea una mala película. Tiene los mismos elementos de toda la saga: entidades horribles, un universo paranormal, voces aterradoras, sobresaltos violentos, niños perseguidos por el mal y la tenacidad de los Warren para enfrentarse a sus propios miedos humanos.

Quizás el problema está precisamente en la reiteración de la fórmula.

La primera película fue particularmente escalofriante y exitosa porque todavía existía cierta incertidumbre. James Wan sorprendía porque mostraba sin pudor a sus monstruos. Iba en contravía de otros realizadores que buscaban tensión ocultando y desviando..

Después de varias entregas, la saga terminó enseñándonos demasiado bien cómo funciona su propio miedo. Ya sabemos que una presencia invisible terminará manifestándose y que los Warren encontrarán alguna forma de enfrentarse al mal.

El problema, entonces, no es solamente que Los últimos ritos repita la fórmula. Es que la propia saga ha domesticado sus mecanismos de terror.

El conjuro acostumbró al público a este tipo de elementos y Wan ha delineado, en sus diferentes sagas, un conjunto de posibilidades narrativas y estéticas que terminan perdiendo impacto por su repetición. Quizás Insidious resulta la franquicia más consistente, aunque su última entrega fue, a mi entender, pésima.

En El conjuro, Lorraine es la vidente y Ed es quien tiene el poder de la oración. Siempre existe algún tipo de afectación psicológica para ellos en cada caso y, al final, aparece un despliegue de destrucción en la vivienda afectada. Después llega el final feliz.

Esta es, precisamente, la entrega que menos desarrolla la trama, la afectación de las víctimas o la historia de las entidades. Los nuevos personajes aportan algunos elementos frescos, pero no alcanzan para construir una narrativa realmente profunda.

El conjuro: los últimos ritos, una historia sin demasiada profundidad

La película tiene los elementos necesarios para construir una historia interesante: una hija que ha vivido atemorizada por sus propias capacidades, unos padres retirados que enfrentan nuevamente aquello de lo que intentaron alejarse y una familia atrapada en una situación sobrenatural.

La relación entre Judy y Lorraine podría haber sido uno de los grandes ejes dramáticos de la historia. También podría haberse profundizado en el miedo de Ed y Lorraine a que su hija heredara aquello que durante tantos años marcó sus propias vidas. O la supuesta trama paranormal de Tony.

Sin embargo, la película pasa demasiado rápido por esas posibilidades.

Al final, no hay una narrativa particularmente profunda. El cierre funciona como cualquier biografía barata: aparecen textos con el desenlace posterior de los personajes y lo mezcla con imágenes supuestamente reales.

La conexión con la saga, sin embargo, se da de una manera muy particular. Al final de la película, durante la boda de Judy y Tony, aparecen protagonistas de las entregas anteriores e incluso el propio James Wan.

Los rostros de los Warren

Patrick Wilson es el actor fetiche de James Wan. Ha protagonizado Insidious y El conjuro, además de interpretar al antagonista en la horripilante Aquaman. Sus mejores trabajos actorales, sin embargo, los ha realizado en películas como Little Children y Watchmen.

Vera Farmiga es una actriz poco valorada, a mi manera de ver. Ha tenido brillantes papeles en Los infiltrados, de Martin Scorsese, y Up in the Air, de Jason Reitman, pero es con El conjuro que ha alcanzado un mayor reconocimiento popular.

La poco conocida Mia Tomlinson interpreta a Judy. Mientras tanto, Ben Hardy, conocido por interpretar al baterista de Queen en Bohemian Rhapsody, interpreta a Tony.

Dentro del grupo de extras aparecen los verdaderos Judy y Tony, en una escena de una fiesta en la residencia de los Warren.

El impacto cultural de El conjuro

La saga trajo de vuelta al cine de exorcismos y el terror religioso, después de años de permanecer prácticamente condenado a las llamas eternas de la serie B de los años ochenta. Otras películas intentaron recuperar esa tradición, pero no tuvieron la misma recepción entre el público y la crítica. Se me viene a la mente la muy noventera Stigmata, con Patricia Arquette.

La historia fue exprimida hasta la saciedad con los desafortunados spin-offs de La monja y Annabelle. Si bien funcionaron en taquilla, también terminaron deteriorando el prestigio alcanzado por El conjuro.

En aquel ya lejano 2013, el estreno de El conjuro se conectó con toda la parrilla paranormal de Discovery. Las historias de este corte regresaron y saturaron la pantalla.

Ese es quizá el mayor legado de El conjuro. No solamente construyó una franquicia exitosa, sino que convirtió una determinada manera de hacer terror en un lenguaje reconocible para millones de espectadores.

Ya estuvo bien.

El conjuro: Los últimos ritos debería ser el cierre definitivo de esta saga. No porque sea una película desastrosa, sino porque sus propios mecanismos ya no tienen mucho más que decir. Los Warren merecen descansar y que su Museo encantado siga siendo lugar de peregrinación para los amantes de lo oculto.

El conjuro: Los últimos ritos está disponible en HBO Max, Amazon Prime Video y Apple TV.

Sigue al Museo Warren en Instagram.

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